Adolfo Aristarain falleció este domingo a los 83 años y dejó una huella profunda en el cine argentino e iberoamericano. Dueño de una filmografía marcada por la potencia narrativa, el compromiso social y personajes inolvidables, fue uno de los realizadores más respetados de su generación.
Nacido en Parque Chas en 1943, Aristarain construyó una carrera sólida entre Argentina y España, convirtiéndose en una referencia indispensable del cine en habla hispana.
Antes de dirigir, trabajó como sonidista y asistente de dirección, una escuela práctica que luego se reflejó en la precisión técnica de sus películas.
Entre sus títulos más recordados aparecen Tiempo de revancha y Últimos días de la víctima, dos clásicos atravesados por tensión política y clima policial.
También dirigió Un lugar en el mundo, una de las obras más celebradas del cine nacional, distinguida internacionalmente y recordada por su sensibilidad social.
Con Martín (Hache) dejó una radiografía feroz sobre el exilio, los vínculos familiares y los desencuentros generacionales, mientras que Roma funcionó como una despedida íntima atravesada por la memoria.
Reconocimiento internacional
En 2024 había recibido la Medalla de Oro de la Academia de Cine de España, convirtiéndose en el primer director argentino en obtener esa distinción.
Con su muerte se va una voz singular del cine, pero quedan películas que siguen interpelando al presente. Aristarain narró crisis, injusticias, afectos y contradicciones con una honestidad poco frecuente. Su obra seguirá viva cada vez que una pantalla vuelva a encenderse.

