El documental de Revista Crisis y el Observatorio Petrolero Sur se proyectará este lunes 5 de octubre, a las 20, en el Cine Teatro Español, con entrada libre y gratuita. La propuesta pone en diálogo el avance hidrocarburífero en el Alto Valle con los desafíos de la Cuenca del Golfo San Jorge. “Tenemos que pensar qué matriz productiva queremos desarrollar a futuro”, planteó Renata Hiller en diálogo con CulturaMas.
Después de recorrer distintos puntos del país, Qué perforado está mi valle llega a Comodoro Rivadavia con una propuesta que busca ir más allá de la pantalla: utilizar el documental como disparador para pensar el presente y, fundamentalmente, el futuro de los territorios atravesados por la producción energética.
La función se realizará este lunes 5 de octubre, a las 20 horas, en el Cine Teatro Español, con entrada libre y gratuita. La actividad es organizada por la Mesa Eduardo Cabezas y cuenta con el acompañamiento de Comodoro Conocimiento, Sudestada S.R.L. y Hotel Lucania.
La película, de 61 minutos, es una coproducción del Observatorio Petrolero Sur (OPSur) y Revista Crisis y aborda el avance de la explotación hidrocarburífera en el norte de la Patagonia, en una región donde históricamente la producción frutícola convivió con uno de los sistemas hidrográficos más importantes del país.
Pero su llegada a Comodoro propone inevitablemente otra lectura: ¿qué paralelismos pueden establecerse entre aquella experiencia y una Cuenca del Golfo San Jorge que lleva más de un siglo vinculada a la actividad petrolera?
En diálogo con CulturaMas, Renata Hiller destacó precisamente esa posibilidad de utilizar la película para mirar también la realidad local.
“La película aborda lo que es el avance de la frontera petrolera, o el fracking, en todo el Valle de Río Negro, y nos coloca en una discusión que es pertinente también para nuestra Cuenca”, explicó.
Aunque se trata de territorios con historias y matrices productivas diferentes, la película permite poner sobre la mesa interrogantes comunes vinculados a la producción energética, el uso de los recursos naturales y el impacto que esas actividades tienen sobre las comunidades.
Para Hiller, se trata además de una discusión que excede los límites regionales. “Lo que la película también nos viene a mostrar es esta dimensión global”, sostuvo.
El documental recupera las voces de investigadores, científicos, funcionarios, representantes de comunidades indígenas, productores agrícolas y trabajadores que exponen distintas experiencias frente al avance de la explotación hidrocarburífera.
En ese recorrido también aparece un elemento que Hiller considera central: la capacidad de las propias comunidades para intervenir sobre las decisiones que afectan sus territorios. “Vamos a encontrarnos con comunidades que se han plantado frente a estos avances y hay alternativas”, señaló.

La discusión que propone la película no pasa necesariamente por plantear una oposición absoluta a la actividad hidrocarburífera, sino por preguntarse bajo qué condiciones se desarrolla y de qué manera sus beneficios alcanzan a los territorios productores.
“Nadie dice no a la extracción de petróleo o no a la producción de energía, sino sí a poner condiciones que hagan que esa explotación no solamente sea favorable para las empresas, sino también para las comunidades”, remarcó Hiller.
Es allí donde el documental encuentra uno de sus puntos de contacto más claros con Comodoro Rivadavia. En una región cuya historia, economía y desarrollo estuvieron profundamente vinculados al petróleo, las preguntas ya no pasan únicamente por cuánto se produce, sino también por qué queda después de décadas de explotación, cómo se abordan los pasivos ambientales y qué posibilidades existen para pensar otras formas de desarrollo.
La propia película plantea la tensión entre la expansión energética del presente y la preservación del agua, los alimentos y los territorios para las próximas generaciones.
De la reparación a “reimaginar el futuro”
Uno de los ejes que la Mesa Eduardo Cabezas viene acompañando en la región está relacionado con los reclamos por reparación ambiental y las causas impulsadas por superficiarios afectados por la actividad.
Sin embargo, Hiller propone que esa discusión no quede limitada únicamente a mirar hacia atrás. “Quizás uno habla de remediación, del pasivo, como si estuviéramos hablando de algo en relación al pasado”, explicó. Y allí aparece una de las ideas centrales que pretende dejar la actividad:

“Lo que estamos planteando con esto es que lo que es necesario es reimaginar el futuro”.
Para Hiller, pensar qué sucede después de la explotación petrolera también obliga a discutir qué otras actividades y recursos pueden formar parte del desarrollo regional. “Esto nos tiene que poder permitir pensar qué matriz productiva queremos desarrollar a futuro”, afirmó.
Una discusión que no necesariamente supone abandonar los hidrocarburos, pero sí revisar las condiciones en las que se desarrolla la actividad. “Seguramente no va a ser ajena a los hidrocarburos, pero sí puede ser bajo otras condiciones”, señaló. Y agregó que ese futuro también puede construirse “revalorizando otros recursos, como el agua, que también están presentes en esta cuenca”.
En ese contexto, Hiller vinculó la discusión que propone el documental con el presente de la Cuenca del Golfo San Jorge y el retiro de operadoras como YPF. “Hoy mismo estamos viendo la retirada de YPF y de otras empresas que operan en nuestra Cuenca”, señaló, y advirtió que “la energía sigue siendo un factor de desarrollo, pero lamentablemente con muy pocos dividendos para las regiones que la producen”. Además, explicó que durante la actividad quienes asistan podrán acompañar con su firma el pedido de unidad de las causas vinculadas a la reparación ambiental.
Para Hiller, la discusión no debería quedar limitada a los superficiarios o a quienes están directamente afectados: también busca interpelar a gremios, funcionarios, sectores vinculados a la industria y a la comunidad en general, porque detrás de cada reclamo particular existe una problemática que atraviesa al territorio en su conjunto.
La discusión adquiere especial relevancia en un momento en que la Cuenca atraviesa transformaciones vinculadas al retiro y reconfiguración de operadoras históricas.
Para Hiller, ese escenario vuelve necesario discutir no sólo el impacto ambiental de la actividad, sino también qué beneficios reciben los territorios que durante décadas sostuvieron la producción energética.
En ese sentido, la película propone correr la mirada exclusivamente petrolera y preguntarse qué otras alternativas productivas pueden desarrollarse. “Nos podemos habilitar a pensar si quizás no tiene sentido producir alimentos para nuestra región, lograr una vida mejor para quienes habitan cotidianamente”, planteó.
El interrogante, entonces, no se agota en reparar aquello que quedó como consecuencia de décadas de explotación. También invita a pensar qué modelo puede construirse de aquí en adelante. “No es un planteo en relación al pasado; es bien un planteo en relación al futuro”, sintetizó Hiller.
Una película como punto de partida
Qué perforado está mi valle se desarrolla en el norte de la Patagonia, donde los ríos Limay y Neuquén confluyen en el río Negro y atraviesan una región históricamente dedicada a la producción frutícola. Allí, el avance del fracking durante la última década abrió un fuerte debate sobre la convivencia entre la producción de hidrocarburos, el agua y los alimentos.
La película lleva esa discusión a una escala mayor: qué destino tendrán los territorios donde la necesidad de producir energía convive con otros recursos fundamentales y con comunidades que reclaman participar de esas decisiones.
Después de la proyección en Comodoro habrá un espacio de conversación con Hernán Scandizzo, del Observatorio Petrolero Sur, y Nicolás Perrupato, de Revista Crisis, para profundizar los temas que propone el documental y ponerlos en diálogo con la realidad local.
La cita será este lunes 5 de octubre, a las 20 horas, en el Cine Teatro Español, con entrada libre y gratuita.



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