16 junio, 2026
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Fate y El Eternauta: cuando la ficción resiste y la industria cae

En El Eternauta, la serie argentina que se convirtió en un fenómeno global en Netflix, la ciudad no es solo escenario: es memoria. Una Buenos Aires reconocible, atravesada por una catástrofe extraordinaria, donde sobreviven carteles, marcas, nombres y rastros de una vida cotidiana que alguna vez fue estable. Entre esas huellas aparece Fate, histórica fábrica nacional de neumáticos. Esa misma empresa que por estos días anunció el cierre de su planta en San Fernando y el despido de 920 trabajadores.

La coincidencia no es menor. Tampoco es inocente. La adaptación audiovisual de la obra de Héctor Germán Oesterheld —símbolo mayor de la cultura popular argentina y de una idea de comunidad organizada frente al desastre— eligió no borrar las marcas reales del paisaje urbano. Según explicaron Netflix y la productora K&S Films, no hubo acuerdos comerciales: las marcas estaban allí y el director Bruno Stagnaro decidió mantenerlas para preservar el realismo, del mismo modo que la historieta original reflejaba los grafitis y publicidades de su tiempo.

Así, El Eternauta quedó poblado por más de 40 marcas nacionales e internacionales: bancos, supermercados, empresas de servicios, cadenas de comida rápida, productos de limpieza, bebidas y ropa. Una ciudad sitiada por una nevada mortal, pero todavía marcada por el consumo, la industria y el trabajo.

Una marca que era más que un logo

Fate no es solo una empresa más en una lista. Fundada hace más de 80 años, fue la única fabricante argentina de neumáticos radiales, símbolo de una etapa en la que la industria nacional ocupaba un lugar central en el proyecto de país. Su nombre formó parte del paisaje físico y simbólico: fábricas, camiones, rutas, talleres, avisos, empleo estable.

En la serie, Fate aparece como parte de ese mundo que resiste incluso cuando todo se derrumba. En la realidad, la empresa cerró sus puertas en febrero de 2026, dejando a cientos de familias sin sustento. La explicación oficial habla de “cambios en las condiciones de mercado”, una fórmula que, traducida al contexto actual, remite directamente a la apertura irrestricta de importaciones, la caída de la producción local y la desprotección del trabajo industrial.

El modelo Milei y la Argentina que se apaga

El cierre de Fate no ocurre en el vacío. Se inscribe en el marco del programa económico del gobierno de Javier Milei, que impulsa un Estado mínimo, desregulación total y apertura comercial acelerada, incluso en sectores con fuerte asimetría frente a la competencia internacional.

Según datos privados, entre 2023 y 2025 las importaciones de neumáticos crecieron más del 30%, mientras la capacidad instalada del sector local cayó a niveles críticos. Fate ya había reducido personal en 2024. El conflicto sindical existió, pero no explica por sí solo el final de una empresa que atravesó dictaduras, hiperinflaciones, crisis financieras y cambios de modelo sin bajar la persiana.

Lo que hoy la deja fuera de juego no es una invasión alienígena, sino una política económica que asume como daño colateral la desaparición de industrias enteras.

El Eternauta como espejo incómodo

El Eternauta siempre fue una obra política. No partidaria, pero sí profundamente ideológica: plantea que nadie se salva solo, que la salida es colectiva y que las amenazas externas encuentran sociedades más vulnerables cuando el tejido social está roto.

Que Fate aparezca en la serie y desaparezca en la vida real convierte a la ficción en un espejo incómodo. Mientras Netflix celebra un impacto de más de 41.000 millones de pesos en la economía argentina por la producción audiovisual —con casi 3.000 personas involucradas—, otra industria histórica queda fuera del cuadro.

La cultura resiste y exporta. El trabajo industrial, no.

En la historieta original, Oesterheld escribió El Eternauta desde una Argentina que creía en el futuro. Hoy, su adaptación llega en un país donde la palabra “industria” vuelve a ponerse en discusión, y donde marcas nacionales que formaron parte del imaginario colectivo quedan reducidas a recuerdos… o a decorado de una serie.

En la ficción, la nieve mata. En la realidad, el ajuste también.