La cineasta argentina Dolores Fonzi fue distinguida en España al ganar el Premio Goya a Mejor Película Iberoamericana por Belén, una obra profundamente política que aborda la represión del aborto y la violencia institucional ejercida sobre los cuerpos de las mujeres en Argentina.
El reconocimiento consagra a Belén como una de las películas latinoamericanas más potentes del último año, no solo por su calidad cinematográfica sino por el riesgo ético y narrativo que asume: contar, sin concesiones, una historia atravesada por el dolor, la criminalización y el disciplinamiento estatal en torno a la autonomía reproductiva.
Pero fue el discurso de agradecimiento de Fonzi el que marcó uno de los momentos más intensos de la gala. Lejos del protocolo, la directora utilizó el escenario para lanzar una advertencia directa al público europeo:
“Ustedes que todavía tienen tiempo, no caigan en la trampa. La ultraderecha vino a destruirlo todo. Vengo del futuro, de un país donde el presidente puso incluso en venta el agua. Que no les pase a ustedes.”
Sus palabras resonaron con fuerza en el auditorio y rápidamente se viralizaron en redes sociales, convirtiéndose en una de las intervenciones políticas más contundentes de la ceremonia.
Belén se inscribe en una tradición del cine argentino que entiende al arte como herramienta de memoria, denuncia y resistencia. La película pone el foco en las consecuencias humanas de políticas punitivas y discursos moralizantes, visibilizando una violencia que muchas veces queda relegada al silencio o a la estadística.
Desde una puesta austera y una narrativa íntima, Fonzi construye una obra que interpela sin subrayados, confiando en la potencia del relato y en la empatía del espectador. El Goya reconoce así no solo una película, sino una posición ética frente al presente.
Un premio que trasciende lo cinematográfico
La consagración de Belén llega en un contexto regional atravesado por fuertes debates sobre derechos conquistados, retrocesos democráticos y el avance de discursos negacionistas. En ese marco, el premio adquiere una dimensión que va más allá del cine: es también un gesto político y cultural.
Con este Goya, Dolores Fonzi se consolida como una voz clave del cine iberoamericano contemporáneo, capaz de tender puentes entre el arte y la urgencia social, y de recordar que el cine —cuando se anima— puede ser una forma de advertencia, de cuidado y de futuro.

